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SAN CARLOS DE BRASIL
Y LA IGREJA CATOLICA APOSTOLICA BRASILEIRA

Nuestra Comunión CICAM reconoce en San Carlos de Brasil el medio a través del cual nos vinculamos histórica y sacramentalmente con los mismos Apóstoles, por haber recibido de él la “SUCESIÓN APOSTÓLICA”; y en la Igreja Catolica Apostolica Brasileira, que el Señor le encomendó a él organizar, para que en su Iglesia se restableciera plenamente la Tradición Apostólica, reconocemos nuestra Iglesia Madre.

Por eso, aunque en CICAM todas las Iglesias son reconocidas como iguales (Cf. Art. 11) y, en consonancia con la Tradición Apostólica se reconoce la autonomía de cada iglesia local, provincia eclesial y organismo superior de comunión en materia organizativa, financiera, litúrgica, espiritual y testimonial (Cf. Art. 18), a la ICAB se le reconoce una precedencia de honor.

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SAN CARLOS DE BRASIL
ELEGIDO POR EL SEÑOR PARA ORGANIZAR LA ICAB
PATRONO DE LA COMUNIÓN MUNDIAL
DE IGLESIAS CATÓLICAS APOSTÓLICAS

San Carlos de Brasil es conocido como el santo de los pobres de Sudamérica.

El Obispo Carlos Duarte Costa nació el 21 de Julio de 1888 en Santo Antonio, Río de Janeiro.  A los 9 años, su tío, Obispo de Goiás, lo llevó a Roma a estudiar al Colegio Pío Latinoamericano. Ordenado Sacerdote el 1 de abril de 1911, fue consagrado como Obispo de la Diócesis de Botucatu, el 8 de diciembre de 1924, hasta que, por expresar ciertas opiniones acerca del maltrato que recibían los pobres de Brasil de parte tanto del gobierno civil como de la Iglesia Católica Romana, fue removido. Después, recibió el título de Obispo Titular de Maura.

A partir de la década de 1930, el Obispo Duarte Costa fue un fuerte defensor de la reforma de la Iglesia Romana; de hecho, él afrontó muchos temas clave, 35 años antes de que el Concilio Vaticano II tomara medidas al respecto.

Su compromiso con los pobres y su crítica a la política del Vaticano hizo que Pío XII lo separara de la Iglesia Romana, el 6 de julio de 1945.

Como resultado sintió la llamada a iniciar la Igreja Catolica Apostolica Brasileira (ICAB), con la finalidad de redescubrir el sentido verdaderamente católico y apostólico de la Iglesia. Permaneció como Obispo de Río de Janeiro y Primado de la ICAB, hasta su muerte en 1961.

Dom Carlos fue declarado santo por el Concilio General de la Iglesia Católica Apostólica Brasilera, en 1970, con el título de: San Carlos de Brasil. Es patrono de las Iglesias católicas apostólicas independientes.

NUESTRA SUCESIÓN APOSTÓLICA

En la CICAM optamos por adoptar el concepto y perspectiva de Sucesión Apostólica que proviene de la Tradición Apostólica y de la praxis de la Iglesia indivisa (Cf. Art. 7)

Para la Tradición Apostólica, la Iglesia local es la realidad visible en donde se hace presente la Iglesia una, santa católica y apostólica, encontrando su cúlmen de expresión sacramental en la celebración eucarística. La Iglesia local se debe estructurar en forma sinodal y participativa, con diversidad de carismas y ministerios. Entre estos se encuentra el ministerio ordenado y al obispo se le reconoce como signo visible de su unidad y como vínculo de comunión con la Iglesia Universal.

Sin Pueblo de Dios organizado establemente y presidido sacramentalmente por el obispo, no existe realmente la Iglesia local y, por lo mismo, tampoco la presencia sacramental de la Iglesia una, santa, católica y apostólica.

El papel que tiene el obispo, se debe que se le reconoce como sucesor de los Apóstoles.

El primer criterio que da legitimidad y validez apostólica al episcopado, lo constituye el hecho de que la misma iglesia local, formada por el Pueblo de Dios organizado, junto a su presbiterio, en un clima de oración y discernimiento, proceda a hacer la elección de quien, según su sentir de fe, ha recibido el carisma para ejercer el ministerio de obispo. 

Después se trata de que la elección sea reconocida y ratificada por las otras iglesias locales que le son vecinas.

A través de este proceso, se realiza la vinculación con el episcopado histórico. Esto se conoce con el nombre de transmisión de la “SUCESIÓN APOSTÓLICA”. Se trata de que el obispo elegido sea ordenado por obispos que, a su vez, han sido ordenados por otros obispos y cuyos orígenes se remontan hasta los mismos apóstoles. A través del reconocimiento y ratificación de la elección y de la posterior ordenación, el elegido entra a formar parte del colegio episcopal y, de esa forma, se significa el sentido de comunión católica y ecuménica de la iglesia local.

Si se obvia cualquiera de estos pasos, el vínculo histórico de sucesión apostólica pierde su sentido genuino integral y es seriamente cuestionable que efectivamente se establezca el vínculo histórico con la Tradición Apostólica.

A través de San Carlos Duarte Costa, nosotros recibimos la “Sucesión Apostólica” transmitida por la Iglesia Católica Romana.

Papa León XIII
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Para simplificar, la presentación de nuestras raíces apostólicas, comenzaremos mencionando que el Papa, León XIII, tuvo como Secretario de Estado al cardenal Mariano Rampolla del Tindaro.

Mariano Rampolla del Tindaro
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El Cardenal Rampolla, quien había sido consagrado obispo el 8 de diciembre de 1882 por la imposición de manos del Cardenal Edward Henry Howard, consagró el 26 de octubre de 1890 como obispo de Goiás, Brazil a Domingo Joaquim Arcoverde de Albuquerque, quien posteriormente fue obispo de Sao Paulo y luego arzobispo de Río de Janeiro. Elevado a cardenal el 11 de diciembre de 1905, sería el primer cardenal de América Latina.

 

 

 

Domingo Joaquim Arcoverde de Albuquerque
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El Cardenal Arcoverde de Albuquerque consagró, el 24 de junio de 1911 a Sebastiao Leme da Silveira Cintra, quien más tarde fue arzobispo de Río de Janeiro y cardenal de la Iglesia Romana.
 
 
 

Sebastiao Leme da Silveira Cintra
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El cardenal Sebastiao Leme, por la imposición de manos, consagró como Obispo a Dom Carlos Duarte Costa, el 8 de diciembre de 1924. Dom Carlos a partir del 6 de julio de 1945, respondió a la llamada del Señor, organizando la Igreja Catolica Apostolica Brasileira.

 

 

 

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San Carlos de Brasil consagró posteriormente a los primeros ocho obispos de la Igreja Catolica Apostolica Brasileira, quienes, a partir de entonces, y ciñéndose fielmente a la Tradición Apostólica, ha transmitido la apostolicidad a todas las iglesias que formamos CICAM.

  
Desde entonces, cada nueva ordenación episcopal, celebrada por los sucesores de los ocho primeros pontífices, sigue perpetuando el trabajo pastoral iniciado por San Carlos de Brasil y actualizando el modelo eclesial testimoniado en el Nuevo Testamento e implementado en la Iglesia primitiva.

 

Resulta evidente e incuestionable, por tanto, la apostolicidad de nuestras iglesias; es demostrable la transmisión sin interrupción de la sucesión desde los Apóstoles hasta nuestros días y, sobre todo, nos une el compromiso por redescubrir e implementar la misma organización eclesial de los primeros siglos y por compartir la tarea incansable de predicar el Evangelio a toda criatura (Cf. Mc.16, 15).

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