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MISA
DE ORDENACIÓN
I
Ritos iniciales
y Liturgia de la palabra
MONICIÓN DE ENTRADA: (Se hace antes de que
comience la procesión)
El momento que vivimos, lo reconocemos
como tiempo de Dios y de gracia especial para nuestra IGLESIA CATÓLICA ECUMÉNICA RENOVADA EN GUATEMALA. Pues, por la ordenación episcopal de nuestro Obispo Primado, Eduardo Aguirre Oestmann quedaremos constituidos
sacramentalmente como iglesia local. Para la Tradición Apostólica, la Iglesia local es la realidad visible en donde se hace
presente la Iglesia una, santa católica y apostólica, simbolizada por la presencia del obispo y por la comunión con otras
iglesias locales. A la iglesia local, se le reconoce como Pueblo de Dios, al que el Señor bendice con diversidad de carismas
y ministerios. Entre estos se encuentra el ministerio ordenado, compuesto por diáconos, presbíteros y el obispo. El principio
característico de la iglesia local es el de la igualdad de todos sus miembros.
El ministerio ordenado por lo mismo, nunca se comprende como algo que está encima de la comunidad sino como don que,
concedido por el Espíritu Santo, es reconocido por la comunidad y está al servicio y para la edificación de ésta. Por ello,
tiene que ser ejercido con humildad y despojados de toda pretensión de imponer los propios gustos o criterios; de tratar de
uniformar, en lugar de que sea el Espíritu el que unifica; o de intentar suplantarse
a la acción directa del mismo Cristo. Esta certeza hace que hoy todos, convocados como Pueblo Sacerdotal y Asamblea Litúrgica,
tengamos que jugar un papel de protagonistas: vamos a orar y a participar activamente para que lo que creemos y celebramos,
se realice con fuerza y eficacia, por la acción del Espíritu Santo.
1. Procesión de entrada
Se comienza la procesión por la Iglesia hacia el altar, según el modo acostumbrado. La inicia el diácono que lleva el libro de los Evangelios que ha de usarse en la Misa y en la Ordenación;
siguen los presbíteros concelebrantes, después el elegido entre sus dos presbíteros asistentes, luego los Obispos ordenantes
y finalmente el Obispo ordenante principal y un poco detrás de él sus asistentes.
Llegados al altar y hecha la debida reverencia, van todos a los lugares que les han sido asignados.
Mientras tanto se canta la antífona de entrada con su salmo u otro canto apropiado.
2. Saludo
inicial y petición de la ordenación
Al llegar al altar se hace reverencia y luego se besa el altar. El obispo ordenante principal inciensa
el altar. Después se inicia con el saludo inicial, desde la cátedra.
C:/
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R/.
Amén.
C:/ La gracia de Jesucristo,
el Buen Pastor, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo, esté con todos ustedes.
R/.
Y con tu espíritu.
Inmediatamente
después se hace la presentación del candidato. El obispo principal se sienta
en la cátedra y al lado se encuentran los dos obispos co-consagrantes con
la mitra puesta. El candidato se acerca acompañado por los dos presbíteros asistentes.
MONICIÓN ANTES DE LA
PRESENTACIÓN:
Ser elegido por la Iglesia local,
ser reconocido por el Colegio de Obispos dentro del que se incorporará y ser recibido gozosamente por el Pueblo de Dios al
que servirá, son los tres criterios que, según la Tradición Apostólica, dan validez a la ordenación del obispo. En este momento,
antes de comenzar, el celebrante principal se asegurará de que existen los tres requisitos: para eso se leerá la constancia
de elección, el mandato apostólico y, al final, a través de un aplauso, el Pueblo manifestará su recepción gozosa.
Uno de los obispos co-consagrantes dice:
C I:/ Reverendísimo Padre, la Iglesia
Católica Ecuménica Renovada en Guatemala pide que ordenes de Obispo al presbítero EDUARDO CRISTIÁN AGUIRRE OESTMANN.
El Obispo ordenante principal le pregunta:
C:/ ¿Tienen la constancia que
atestigua su elección y el mandato apostólico en el que consta que el Concilio General de la Iglesia Católica Apostólica Brasilera
aprobó su consagración?
El obispo co-consagrante le responde:
C I:/ Los tenemos.
El Obispo ordenante principal:
C:/ Tengan la bondad de leerlos.
3. Lectura
de la constancia y del mandato apostólico.
Estando todos sentados, uno de los presbíteros asistentes lee la constancia de elección y el otro recibe
de manos del obispo co-consagrante y lee el mandato apostólico..
Una vez leídos los documentos, todos manifiestan su aceptación, diciendo:
R/.
Te damos gracias, Señor.
4. Se prosigue con la celebración de la Misa, hasta la lectura del
Evangelio inclusive.
C:/ Hermanos. Para celebrar la Eucaristía con corazón puro, reconozcamos
delante del Señor que somos pecadores.
R:/ Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran
culpa.
Luego prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Luego el celebrante concluye diciendo:
CP/. Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros
pecados y nos comunique la vida eterna.
El pueblo responde:
R/.
Amén.
Seguidamente se canta el Señor
ten piedad.
Luego se canta el Gloria a Dios en el cielo.
Oración colecta:
CP/. Oremos. Oh Dios, que has elegido
a tu siervo Eduardo Cristián como sucesor de los apóstoles, para apacentar a tu pueblo santo, concédele espíritu de ciencia
y discernimiento, espíritu de consejo y valor, espíritu de piedad y de temor, para que guiando fielmente al pueblo que le
ha sido confiado, construya tu Iglesia como sacramento de salvación para el mundo. Por
nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que siendo Dios, vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo. Por los siglos de los siglos.
R/.
Amén.
MONICIÓN PARA LAS LECTURAS:
El profeta Isaías recuerda, que todo
ministerio es fruto de una elección hecha por Dios, para manifestar en el mundo su gracia, su amor y su liberación. En el Evangelio se insiste en que la elección es iniciativa gratuita y amorosa de Dios y requiere del elegido
una entrega que corresponda al amor incondicional del Señor que elige. Por ello, como recuerda Pablo, todo lo demás pierde
valor, comparado con la comunión con Cristo y la identificación en sus padecimientos y en su misión. Aquí se encuentra el
misterio y el sentido del ministerio ordenado dentro de la Iglesia.
Primera Lectura. (Is. 42, 1-4.6-7, 43, 1-2.4.5)
Lectura del Libro del Profeta Isaías.
"Aquí está mi siervo, a quien
sostengo, mi elegido, en quien me deleito.
He puesto en él mi espíritu
para que traiga la justicia a las naciones.
No gritará, no levantará la
voz, no hará oír su voz en las calles, no acabará de romper la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente.
No descansará ni su ánimo
se quebrará, hasta que establezca la justicia en la tierra.
Los países del mar estarán
atentos a sus enseñanzas."
"Yo, el Señor, te llamé y
te tomé por la mano, para que seas instrumento de salvación; yo te formé, pues quiero que seas señal de mi alianza con el
pueblo, luz de las naciones.
Quiero que des vista a los
ciegos y saques a los presos de la cárcel, y del calabozo a los que viven en la oscuridad.”
El Señor que te creó te dice:
"No temas, que yo te he liberado; yo te llamé por
tu nombre, tú eres mío.
Si
tienes que pasar por el agua, yo estaré contigo, si tienes que cruzar ríos, no te ahogarás; si tienes que pasar por el fuego,
no te quemarás, las llamas no arderán en ti.
Porque
te aprecio, eres de gran valor y yo te amo. No tengas miedo, pues yo estoy contigo. Palabra de Dios.
R/. Te alabamos,
Señor.
Salmo Responsorial. (Del salmo 126)
R/. El Señor ha estado grande con
nosotros y estamos alegres.
– Cuando
el Señor cambió la suerte de Sión, / nos parecía
soñar: la boca se nos llenaba de risas, / la lengua de cantares.
R/.
– Hasta los
gentiles decían: / "El Señor ha estado grande
con ellos". El Señor ha estado grande con nosotros, / y estamos
alegres. R/.
– Que el
Señor cambie nuestra suerte, / como los torrentes
de Negueb. Los que sembraban con lágrimas / cosechan entre cantares.
R/.
– Al ir,
iba llorando, / llevando la semilla; al volver,
vuelve cantando, / trayendo sus gavillas. R/.
Segunda Lectura. (Fil. 3, 1.7-14)
Lectura de la Carta del Apóstol Pablo a los Filipenses.
Hermanos míos, alégrense en
el Señor. Pues todo lo que antes valía mucho para mí, ahora, a causa de Cristo, lo tengo por algo sin valor. Aún más, a nada
le concedo valor si lo comparo con el bien supremo de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por causa de Cristo lo he perdido
todo, y todo lo considero basura a cambio de ganarlo a él y encontrarme unido a él; no con una justicia propia, adquirida
por medio de la ley, sino con la justicia que se adquiere por la fe en Cristo. La que da Dios con base en la fe. Lo que quiero
es conocer a Cristo, sentir en mí el poder de su resurrección y la solidaridad en sus sufrimientos. Haciéndome semejante a
él en su muerte, espero llegar a la resurrección de los muertos.
Hermanos, no quiero decir
que ya lo haya conseguido todo, ni que ya sea perfecto; pero sigo adelante con la esperanza de alcanzarlo, puesto que Cristo
Jesús me alcanzó primero. Lo que hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante, para
llegar a la meta y ganar el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Cristo Jesús. Palabra de Dios.
R/. Te alabamos,
Señor.
Aleluya.
Cantado por el coro.
Mientras
se canta, los ciriales, el turiferario y el diácono llevando el libro de los Evangelios, hacen la procesión, primero hacia
la cátedra, hacia el celebrante principal, para que eche el incienso y dé la bendición al diácono y luego hacia el ambón,
para la incensación y la lectura del Evangelio.
Evangelio. (Jn 15, 7-20.26-27)
D/. El Señor esté
con ustedes.
R/. Y con tu espíritu.
D/. Lectura del
Evangelio según San Juan.
R/. Gloria a ti,
Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"Si ustedes permanecen unidos
a mí, y permanecen fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará. En esto se muestra la gloria de mi Padre,
en que den mucho fruto y lleguen así a ser verdaderos discípulos míos. Yo los amo a ustedes como el Padre me ama a mí; permanezcan,
pues, en el amor que les tengo. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos
de mi Padre y permanezco en su amor.
"Les hablo así para que se
alegren conmigo y su alegría sea completa. Mi mandamiento es este: Que se amen unos a otros como yo los he amado a ustedes.
El amor más grande que uno puede tener es dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo. Los llamo mis amigos, porque les he dado a conocer todo
lo que mi Padre me ha dicho. Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los he escogido a ustedes y les he encargado que vayan
y den mucho fruto, y que ese fruto permanezca. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Esto, pues, es lo
que les mando: Que se amen unos a otros.
"Si el mundo los odia a ustedes,
sepan que a mí me odió primero. Si ustedes fueran del mundo, la gente del mundo los amaría, como ama a los suyos. Pero yo
los escogí a ustedes entre los que son del mundo, y por eso el mundo los odia, porque ya no son del mundo. Acuérdense de esto
que les dije: 'Ningún servidor es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán.
"Pero cuando venga el Defensor
que yo voy a enviar de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él será mi testigo. Y ustedes también
serán mis testigos”. Palabra del Señor.
R/. Gloria
a ti, Señor, Jesús.
5. Concluida la lectura del Evangelio, el diácono vuelve a colocar reverentemente el libro de los Evangelios
sobre el altar hasta que sea colocado encima de la cabeza del Ordenado.
II
Ordenación
6. El Obispo ordenante principal y los otros Obispos ordenantes se acercan a las sedes preparadas para la ordenación
del elegido, y se sientan, con la mitra puesta.
7. Homilía
Estando
todos sentados, el Obispo ordenante principal con la mitra puesta
hace la homilía, en la que expone al clero, al pueblo y al elegido el ministerio del Obispo:
CP/. Queridos hijos, consideremos atentamente qué ministerio en la Iglesia es confiado hoy a nuestro
hermano Eduardo Aguirre Oestmann.
Jesucristo, Señor nuestro,
enviado por el Padre para redimir a la humanidad, envió, a su vez, a los doce apóstoles por el mundo, para que, llenos del
Espíritu Santo, anunciaran el Evangelio, instruyeran y santificaran a todos los pueblos y los reunieran en un solo rebaño.
Para que este ministerio se
mantuviera hasta el final de los tiempos, los apóstoles eligieron colaboradores, a quienes, por la imposición de las manos,
les comunicaron el don del Espíritu Santo que habían recibido de Cristo, confiriéndoles la plenitud del sacramento del Orden. De esta manera, se ha ido transmitiendo a través de los siglos este ministerio, por
la sucesión continua de los Obispos y permanece y se acrecienta hasta nuestros días la obra del Salvador.
En la persona del Obispo,
en comunión con los presbíteros, se manifiesta la presencia entre ustedes del mismo Jesucristo, Señor y Pontífice eterno. Es el mismo Jesucristo quien, por el ministerio del Obispo, anuncia el Evangelio y
ofrece a los creyentes los sacramentos de la fe. Él es quien, por medio del ministerio
paterno del Obispo, agrega nuevos miembros a la Iglesia, que es su cuerpo. Él
es quien, valiéndose de la predicación y solicitud pastoral del Obispo, los lleva, a través del peregrinar terreno, a la participación
en el Reino de Dios.
Reciban, pues, con alegría
y acción de gracias a nuestro hermano Eduardo. Nosotros, los Obispos aquí presentes,
por la imposición de las manos, lo agregamos a nuestro Orden episcopal. Deben
honrarlo como ministro de Cristo y dispensador de los misterios de Dios: a él se le ha confiado dar testimonio del verdadero
Evangelio y administrar la vida del Espíritu y la santidad.
Recuerden las palabras de
Cristo a los apóstoles: «Quien los escucha a ustedes, a mí me escucha; quien los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y, quien
me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.»
Y tú, querido hermano, elegido
por el Señor, recuerda que has sido escogido entre los seres humanos para servirles en las cosas de Dios. El episcopado es un servicio, no un honor. Por ello, el Obispo debe ante todo vivir para los fieles, y
no solamente presidirlos; porque, según el mandato del Señor, el que es mayor debe hacerse el más pequeño, y el que preside, debe servir humildemente. Proclama la palabra de Dios a tiempo y a destiempo;
exhorta con toda paciencia y deseo de edificar. En la oración y en el sacrificio
eucarístico, pide abundancia y diversidad de gracias, para que el pueblo a ti encomendado participe de la plenitud de Cristo.
Cuida y orienta la Iglesia
que se te confía, y sé fiel dispensador de los misterios de Cristo. Elegido por
el Padre para gobernar su familia, ten siempre ante tus ojos al Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y es conocido por ellas,
y quien no dudó en dar su vida por el rebaño.
Ama con amor de padre y de
hermano a cuantos Dios pone bajo tu cuidado, especialmente a los presbíteros y diáconos -colaboradores tuyos en el ministerio
sagrado-, a los pobres, a los débiles, a los que no tienen hogar y a los inmigrantes.
Exhorta a los fieles a trabajar contigo en la obra
apostólica y procura siempre atenderlos y escucharlos. Cuida diligentemente de
aquellos que aún no están incorporados al rebaño de Cristo, porque ellos también te han sido encomendados en el Señor.
No olvides que formas parte
del Colegio episcopal en el seno de la Iglesia católica, que es una por el vínculo del amor.
Por tanto, tu solicitud pastoral debe extenderse a todas las Iglesias, dispuesto siempre a acudir en ayuda de las más
necesitadas. Preocúpate, pues, de la grey universal, a cuyo servicio te pone
el Espíritu Santo para servir a la Iglesia de Dios: en el nombre del Padre, cuya imagen representas en la Iglesia; en el nombre de su Hijo, Jesucristo, cuyo oficio de Maestro, Sacerdote y Pastor ejerces; y
en el nombre del Espíritu Santo, que da vida a la Iglesia de Cristo y fortalece nuestra debilidad.
8. Interrogatorio y
promesas del elegido
Después de la homilía, el elegido se coloca de pie ante el
Obispo ordenante principal, quien sentado en la sede, con mitra,
lo interroga con las siguientes palabras:
CP/. Una antigua disposición de los santos Padres establece que quien ha sido
elegido para el Orden episcopal sea previamente examinado ante el pueblo, sobre su fe y sobre su futuro ministerio.
Por
tanto, amado hermano, es necesario que, en primer lugar, hagas ante la iglesia, aquí reunida, tu profesión de fe.
¿Crees en la Santísima
Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios, todopoderoso, en tres personas iguales en su naturaleza, poder y eternidad,
con una sola voluntad y majestad, por quien fueron creadas todas las criaturas celestes y terrestres, visibles e invisibles,
corpóreas y espirituales?
El elegido:
E:/ Sí, creo firmemente.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Crees que Jesucristo es el Hijo
Único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado
no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho, que por nosotros los seres humanos y por nuestra
salvación bajó del cielo y, por obra del Espíritu Santo, se encarnó de María la Virgen, padeció y fue sepultado, resucitó
al tercer día según las Escrituras, subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre y de nuevo vendrá con gloria para
juzgar a vivos y muertos y su Reino no tendrá fin?
El elegido:
E:/ Sí, creo firmemente.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Crees también que el Espíritu
Santo es perfecto, pleno y verdadero Dios, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y
gloria y que habló por los profetas?
El elegido:
E:/ Sí, creo.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Crees en la Iglesia Una, Santa
Católica y Apostólica, reconoces que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados, esperas en la resurrección de los
muertos y en la vida eterna?
El elegido:
E:/ Sí, creo, reconozco y espero firmemente.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Te comprometes a mantenerte fiel a la fe católica?
El elegido:
E:/ Sí, me comprometo
a mantenerme fiel a la fe católica fundamentada en la Sagrada Escritura y en la Tradición apostólica viva e integral, como
ha sido creída por todos, en todas partes y en todos los tiempos, y como ha sido expresada en los símbolos ecuménicos de fe
y en las formulaciones dogmáticas aceptadas universalmente por los concilios ecuménicos realizados por la Iglesia indivisa.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Rechazarás toda herejía, toda
doctrina y toda postura que altere la fe genuinamente católica y
la organización fundamental de la iglesia?
El elegido:
E:/ Sí, con la ayuda
de Dios, rechazaré toda herejía, toda doctrina y toda postura que altere la fe genuinamente católica y la organización fundamental
de la iglesia, según fue transmitida por la Tradición Apostólica, por los Padres de la Iglesia y por los Concilios Ecuménicos
realizados por la Iglesia indivisa.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Quieres consagrarte hasta la
muerte al ministerio episcopal que hemos heredado de los apóstoles y que, por la imposición de nuestras manos, te va a ser
confiado con la gracia del Espíritu Santo?
El elegido responde:
E:/ Sí, quiero.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Quieres predicar fielmente y
sin desfallecer el Evangelio de Cristo?
El elegido:
E:/ Sí, quiero.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Quieres conservar íntegro y
puro el depósito de la fe, tal como fue recibido de los apóstoles y conservado en la Iglesia siempre y en todo lugar?
El elegido:
E:/ Sí, quiero.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Quieres edificar la Iglesia,
cuerpo de Cristo, permanecer en la unidad con el Colegio de Obispos miembros de la Comunión de Iglesias Católicas y Apostólicas
y del Concilio General de la Iglesia Católica Apostólica Brasilera y mantener
la comunión y colaboración plenas con su Consejo Episcopal y sus órganos de gobierno?
El elegido:
E:/ Sí, yo, EDUARDO CRISTIÁN
AGUIRRE OESTMANN elegido para ser Obispo Primado de la Iglesia Católica Ecuménica Renovada en Guatemala, me comprometo a dedicar
toda mi vida para el servicio de Cristo y la edificación de su Cuerpo, la Iglesia; prometo que permaneceré en la unidad, respeto
y colaboración con el Orden de los Obispos miembros de la Comunión de Iglesias Católicas y Apostólicas y del Concilio General
de la Iglesia Católica Apostólica Brasilera, legítimos sucesores de los Apóstoles; prometo mantener la comunión y colaboración
plenas con su Consejo Episcopal y sus órganos de gobierno y hacer todo lo que esté a mi alcance para que las disposiciones
comunes sean recibidas, asumidas y aplicadas en nuestra Iglesia local.
El Obispo ordenante
principal
CP/. ¿Te comprometes a trabajar incansablemente
para que la unidad de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica que Cristo fundó, pueda manifestarse visiblemente a través
de la creciente comunión entre todas las iglesias cristianas católicas y ortodoxas?
El elegido:
E:/ Sí, asumo como compromiso
primordial del ministerio que se me confía el orar, trabajar y entregar mi vida para que la unidad de la Iglesia Una, Santa,
Católica y Apostólica, garantizada por la presencia eficaz del Espíritu Santo y por la fidelidad inquebrantable a la Tradición
Apostólica, como fue vivida y transmitida por la Iglesia indivisa, se pueda ir manifestando visiblemente entre todas las iglesias
cristianas católicas y ortodoxas, desde el reconocimiento del primado histórico que varios Concilios Ecuménicos y Padres de
la Iglesia antigua han atribuido al Obispo de Roma, para que, como “primero entre iguales” en la familia de los
primados de las Iglesias locales y presidiendo en la caridad, se camine hasta llegar a la plena y perfecta comunión eucarística
entre todos los cristianos.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Te comprometes a ceñirte, en
el ejercicio de tu ministerio, a cuanto se establece en la Palabra de Dios, en la Tradición viva de la Iglesia y en los principios
constitutivos y los estatutos fundamentales de la Iglesia Católica Ecuménica Renovada?
El elegido:
E:/ Sí, me comprometo
a hacerlo con amor y diligencia, para que le Iglesia local que el Señor me confía servir, sea sacramento eficaz en donde se
actualiza y expresa la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Quieres cuidar del pueblo santo de Dios, dirigirlo por el camino de la salvación con
amor de padre, en comunión con tus presbíteros y diáconos?
El elegido:
E:/ Sí, quiero.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Serás siempre bondadoso y comprensivo
con los pobres, con los inmigrantes y con todos los necesitados?
El elegido:
E:/ Sí, lo seré.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Como buen pastor, buscarás las
ovejas dispersas y las conducirás al rebaño del Señor?
El elegido:
E:/ Sí, lo haré.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. ¿Perseverarás en la oración a
Dios Padre todopoderoso y ejercerás el sumo sacerdocio con toda fidelidad?
El elegido:
E:/ Sí, quiero
hacerlo, con la ayuda de Dios.
El Obispo ordenante
principal:
CP/. Dios, que comenzó en ti esta
obra buena, él mismo la lleve a término.
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