EL ORDINARIO DE LA MISA
RITO CATÓLICO RENOVADO
ÍNDICE
ORDINARIO DE LA MISA
RITOS INICIALES
01. SALUDO
02. LITURGIA PENITENCIAL
2.1. CUANDO SE ADMINISTRA EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN
2.1.1. CUANDO SE ADMINISTRA LA ABSOLUCIÓN INDIVIDUALMENTE 0
2.1.2. CUANDO ÉSTA SE ADMINISTRA EN FORMA GENERAL
0
2.2. CUANDO NO SE ADMINISTRA EL SACRAMENTO DE RECONCILIACIÓN
03. GLORIA.
04. ORACIÓN COLECTA
LITURGIA
DE LA PALABRA.
05. LAS LECTURAS.
06. HOMILÍA.
07. CREDO.
08. ORACIÓN DE LOS FIELES.
09. RITO DE LA PAZ.
LITURGIA
EUCARÍSTICA
10. PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS
10.1. OFRECIMIENTO DEL PAN Y DEL VINO
10.2. ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS.
11. PLEGARIA EUCARÍSTICA O
ANÁFORA.
PREFACIOS PARA LOS DIFERENTES
TIEMPOS
PRIMERA PLEGARIA: DE LA ANÁFORA
DE SAN HIPÓLITO
0
SEGUNDA PLEGARIA: DE LAS
ANÁFORAS GALICANAS E HISPANAS 0
TERCERA PLEGARIA: DE LA ANÁFORA
DE SAN BASILIO.
CUARTA PLEGARIA: DIOS GUÍA
A SU IGLESIA
QUINTA PLEGARIA: JESÚS, NUESTRO
CAMINO
SEXTA PLEGARIA: JESÚS, MODELO DE CARIDAD
SÉPTIMA PLEGARIA: LA IGLESIA,
EN CAMINO HACIA LA UNIDAD
OCTAVA PLEGARIA: ACCIÓN DE
GRACIAS POR LA CREACIÓN
NOVENA PLEGARIA: HISTORIA
DE LA SALVACIÓN, OBRA DE AMOR 0
DÉCIMA PLEGARIA: NUESTRA
MISIÓN EN LA IGLESIA Y EL MUNDO 0
UNDÉCIMA PLEGARIA: EL RETORNO AL PADRE
DUODÉCIMA PLEGARIA: RECONCILIACIÓN CON DIOS
RITOS DE COMUNIÓN Y CONCLUSIÓN
12. RITO DE LA COMUNION
13. RITO DE CONCLUSION
14. BENDICIONES SOLEMNES
RITOS INICIALES
Reunido el pueblo, el sacerdote con los ministros va procesionalmente al altar, mientras se entona el canto de entrada.
Cuando
llega al altar, el sacerdote con los ministros hacen la debida reverencia, él besa el altar y, si se juzga oportuno, lo inciensa
y luego inciensa a todo el pueblo. Después se dirige con los ministros a la sede. Terminado el canto de entrada, el sacerdote
y los fieles, de pie, se santiguan, mientras el sacerdote dice:
1.
Saludo
C:/ En el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo
El pueblo responde:
R:/ Amén.
El sacerdote, extendiendo las manos, saluda con una de las fórmulas siguientes:
C:/ El Señor esté con ustedes.
O bien:
C:/
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor
del Padre
y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
O bien:
C:/
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre,
y de Jesucristo, el Señor, estén con todos ustedes.
O bien:
C:/ El Señor, que dirige nuestros corazones
para que amemos
a Dios, esté con todos ustedes.
O bien:
C:/
La paz, la caridad y la fe, de parte de Dios Padre,
y de Jesucristo, el Señor, estén con todos ustedes.
O bien:
C:/
El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo
nos colma con su alegría y con su paz,
permanezca siempre con todos ustedes.
También pueden usarse las fórmulas de saludo propias de cada tiempo, que se encuentran en esta misma página.
El Obispo, en vez de las anteriores fórmulas, en este primer saludo, puede decir:
O:/
La paz esté con ustedes.
El pueblo responde con una de las siguientes fórmulas:
R:/
Y con tu espíritu.
O bien:
R:/
Bendito seas por siempre, Señor.
O bien:
R:/
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Otras fórmulas de saludo propias
para los diversos tiempos litúrgicos
Tiempo de Adviento:
C:/
El Señor, que viene a salvarnos, esté con ustedes.
Tiempo de Navidad:
C:/
La paz y el amor de Dios, que se ha manifestado en Cristo, nacido para nuestra salvación, estén con ustedes.
Tiempo de Cuaresma:
C:/
La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, estén con todos ustedes.
Tiempo pascual:
C:/
El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo,
rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos ustedes.
El sacerdote, el diácono, u otro ministro idóneo, puede hacer una monición muy breve para introducir la misa del día.
2.
Liturgia penitencial
A continuación comienza la liturgia penitencial. Cuando las
circunstancias pastorales lo aconsejen, porque los fieles no tienen oportunidad de acudir en otro momento, durante la Liturgia
Penitencial se administra el Sacramento de la Reconciliación. En los otros casos se utilizan las formas propuestas, después del rito de reconciliación..
2.1. Cuando
se administra el Sacramento de la Reconciliación:
C:/ Hermanos: en la primera Carta de Juan se nos dice: Si
decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no hay verdad en nosotros; pero si confesamos nuestros pecados,
podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados (1Jn 1, 8-9). Precisamente para ello, el Señor Jesucristo nos ha dejado el Sacramento de la Reconciliación. Para poder recibirlo fructuosamente son necesarias tres cosas: que nos reconozcamos
pecadores, arrepintiéndonos de todas nuestras faltas y comprometiéndonos a no volver a pecar; que confesemos todas nuestras
faltas y nos acojamos confiadamente a la misericordia de Dios; finalmente, que recibamos la absolución. Invitamos a que se
acerquen al sacramento todos los que estén realmente arrepentidos de sus pecados. Incluso quienes tuvieran algún impedimento
para recibir la Eucaristía, si hacen una sincera confesión, pueden acercarse a recibir la absolución. Ahora, puestos de rodillas,
comiencen la sincera confesión de todos sus pecados.
Los fieles comienzan la confesión. Normalmente el sacerdote o un ministro debidamente preparado acompaña
la confesión, indicando los diferentes pecados que se pueden cometer. Es conveniente que durante el tiempo de la confesión
se acompañe también con un fondo musical, para ayudar al ambiente de recogimiento y mantener la discreción de cuanto se confiesa
Al final de la confesión, el sacerdote dice:
C:/ Ahora hermanos, concluyamos
nuestra confesión recitando todos unidos:
R:/ Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los
santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
El sacerdote seguidamente invita:
C:/ Ahora, todos los que han confesado sus pecados,
levanten sus brazos, con las palmas abiertas al cielo, para pedir al Señor que otorgue el perdón de todos los pecados.
2.1.1. Cuando se administra la absolución
individualmente, se prosigue así:
Se recita la primera parte de la oración de absolución:
C:/ Oh Dios, Padre de bondad y misericordia, Tú has
reconciliado el mundo contigo, por la muerte y resurrección de tu Hijo y enviaste al Espíritu Santo, para el perdón de los
pecados.
Te pedimos que, por
el ministerio de la Iglesia concedas a este pueblo que humildemente se han confesado pecador, el perdón, la paz y la efusión
del Espíritu Santo.
Luego invita a que todos se pongan de pié, que hagan fila para recibir la absolución individual y que luego,
volviendo a sus lugares, hagan una oración de acción de gracias y de ofrecimiento de su propia vida, para concluir el sacramento
de la Reconciliación:
C:/ Ahora, les invito a que todos se pongan de pie
y, los que se han confesado, hagan una fila para recibir la absolución. Cuando regresen a sus lugares, harán una oración de
acción de gracias y de ofrenda de su vida, para concluir la administración de este precioso sacramento.
Los fieles se acercan y el sacerdote hace la señal de la cruz
e imposición de manos sobre la cabeza de los penitentes, diciendo:
C:/ Yo te absuelvo de todos tus pecados, en el nombre
del Padre, + y del Hijo, y del Espíritu Santo.
El penitente responde:
R:/
Amén.
El sacerdote prosigue:
C:/
La paz sea contigo.
El penitente responde:
R:/
Amén.
2.1.2. Cuando por la cantidad de fieles o por otra razón pastoral de peso no es posible
dar la absolución individual, ésta se administra en forma general, de la siguiente manera:
Se administra la absolución general con la siguiente fórmula:
C:/ Oh Dios, Padre de bondad y misericordia, Tú has
reconciliado el mundo contigo, por la muerte y resurrección de tu Hijo y enviaste al Espíritu Santo, para el perdón de los
pecados.
Te pedimos que, por
el ministerio de la Iglesia concedas a este pueblo que humildemente se han confesado pecador, el perdón, la paz y la efusión
del Espíritu Santo.
Y yo los absuelvo
de todos sus pecados, en el nombre del Padre, + y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Luego el sacerdote invita a que todos se pongan de pié y a que, ya sea en forma privada o comunitaria, hagan
una oración de acción de gracias y de ofrecimiento de su propia vida, para concluir el sacramento de la Reconciliación:
C:/ Ahora, les invito a que todos se pongan de pie
y a que hagan una oración de acción de gracias y de ofrenda de su vida, para concluir la administración de este precioso sacramento.
Si la penitencia se hace comunitaria, el mismo sacerdote o un ministro idóneo, dirige la oración de acción
de gracias y de ofrecimiento, junto a toda la asamblea que ha participado en el sacramento de la reconciliación.
Inmediatamente después, si lo hay se sigue con el canto del Gloria. Si no lo hay, se prosigue con la Oración Colecta.
2.2. Cuando
no se administra el Sacramento de la Reconciliación:
2.2.1 Introducción:
El sacerdote invita al arrepentimiento, con una de las siguientes fórmulas:
C:/
Hermanos, humildemente, con corazón arrepentido, reconozcamos nuestros pecados.
O bien:
C:/
El Señor Jesús, que nos invita a la mesa de la Palabra y de la Comunión, nos llama ahora a la conversión. Reconozcamos,
pues, que somos pecadores e invoquemos con esperanza la misericordia de Dios.
O bien:
C:/
Al comenzar esta celebración, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la
reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
O bien:
C:/
Humildes y penitentes, como el publicano en el templo, acerquémonos al Dios justo, y pidámosle que tenga piedad de nosotros,
que también nos reconocemos pecadores.
Se hace una breve pausa en silencio.
2.2.2. Confesión de los pecados:
Se hace la confesión de los pecados:
cantando el “Señor ten piedad”, un canto adecuado o utilizando una de las siguientes fórmulas:
Primera
forma:
R:/ Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante ustedes, hermanos,
que he pecado mucho
de
pensamiento, palabra, obra y omisión.
Golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Luego prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los
santos
y a ustedes, hermanos,
que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Segunda
forma:
C:/ Luz del mundo, que vienes a iluminar a todos los que viven en las tinieblas del
pecado: Señor ten piedad.
R:/ Señor, ten piedad.
C:/ Buen pastor, que vienes a guiar a tu rebaño por las sendas de la verdad y la justicia:
Cristo, ten piedad.
R:/ Cristo, ten piedad.
C:/ Hijo de Dios, que volverás un día para dar cumplimiento a las promesas del Padre,
Señor, ten piedad.
R:/ Señor, ten piedad.
Tercera
forma:
C:/ Tú que has enviado a sanar los corazones afligidos: Señor ten piedad.
R:/ Señor, ten piedad.
C:/ Tú que has venido a llamar a los pecadores: Cristo ten piedad.
R:/ Cristo, ten piedad.
C:/ Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros: Señor
ten piedad.
R:/ Señor, ten piedad.
Cuarta forma:
C:/ Señor,
ten compasión de nosotros.
R: /
Porque hemos pecado contra ti.
C:/ Muéstranos,
Señor, tu misericordia.
R: /
Y danos tu salvación.
2.2.3. Oración conclusiva:
Se concluye con esta oración:
C:/ Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos comunique la vida eterna.
R:/
Amén.
3. Gloria.
A continuación,
si la Liturgia del día lo requiere, se canta o se dice el himno siguiente:
R:/
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a quienes ama el Señor.
Por tu inmensa gloria
te alabamos, te bendecimos,
te adoramos, te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial,
Dios Padre todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo.
Señor Dios, Cordero de
Dios,
Hijo del Padre;
tú que quitas
el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad
de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo
tú Señor,
sólo tú Altísimo, Jesucristo,
con
el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre.
Amen.
4. ORACIÓN COLECTA
Con los brazos extendidos, el sacerdote invita a la oración:
C:/
Oremos.
El tras unos segundos de silencio, dice la Oración Colecta correspondiente
a la Misa del día, (según el calendario litúrgico) recogiendo todas las peticiones de la Iglesia.
La oración
sobre las ofrendas termina con la siguiente conclusión.
Si la oración
se dirige al Padre:
C:/
Por nuestro Señor, Jesucristo, tu Hijo, que siendo Dios vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, por
los siglos de los siglos.
Si la oración
se dirige al Padre, pero al final de la misma se menciona al Hijo:
C:/
Él, que vive y reina contigo, en la
unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Si la oración
se dirige al Hijo:
C:/
Tú que vives y reinas, con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos.
El pueblo
aclama:
R:/
Amén.
5. Liturgia de la Palabra.
El lector
va al ambón y lee la primera lectura, que todos escuchan sentados.
Para indicar
el fin de la lectura, el lector dice:
L:/ Palabra
de Dios.
Todos aclaman:
R:/ Te alabamos, Señor.
El salmista
o el cantor proclama el salmo, y el pueblo intercala la respuesta, a no ser que el salmo se diga seguido sin estribillo del
pueblo.
Si hay segunda lectura, se lee en el ambón, como la primera. Para indicar el fin de la lectura, el lector dice:
L:/ Palabra
de Dios.
Todos aclaman:
R:/ Te alabamos, Señor.
Sigue el Aleluya o, en tiempo de Cuaresma, el canto interleccional. Mientras tanto, si se usa incienso, el sacerdote lo pone en el incensario.
Después el diácono (o el presbítero que ha de proclamar el evangelio en la misa presidida por el Obispo), inclinado
ante el sacerdote o el obispo, pide la bendición, diciendo en voz baja:
D/C:/ Padre, dame tu bendición.
Quien preside, en voz baja, dice:
C:/
El Señor esté en tu corazón y en tus labios,
para que anuncies dignamente su Evangelio;
en el nombre del Padre y del
Hijo +,
y del Espíritu Santo.
El diácono o el concelebrante responde:
D/C:/ Amén.
Si quien
preside debe proclamar el evangelio, inclinado ante el altar, dice en secreto:
C:/
Purifica mi corazón y mis labios,
Dios
todopoderoso,
para que anuncie dignamente tu Evangelio.
Después el
diácono (o el sacerdote) va al ambón, acompañado eventualmente por los
ministros que llevan el incienso y los cirios; ya en el ambón dice:
D/C:/ El Señor esté con ustedes.
El pueblo
responde:
R:/
Y con tu espíritu.
El diácono
(o el sacerdote):
D/C:/ Lectura del Evangelio según
san N.
Y mientras
tanto hace la señal de la cruz sobre el libro y sobre su frente, labios y pecho.
El pueblo
aclama:
R:/
Gloria a ti, Señor.
El diácono
(o el sacerdote), si se usa incienso, inciensa el libro.
Luego proclama el evangelio.
Acabado el
evangelio el diácono (o el sacerdote) dice:
D/C:/ Palabra del Señor.
Todos aclaman:
R:/
Gloria a ti, Señor Jesús.
Si la aclamación
es cantada pueden usarse otras respuestas de alabanza a Jesucristo, por ejemplo:
R:/
Tu palabra, Señor, es la verdad, y tu ley nuestra libertad.
O bien:
R:/
Tu palabra, Señor, es lámpara que alumbra nuestros pasos.
O bien:
R:/
Tu palabra, Señor, permanece por los siglos.
Si el diácono
o un concelebrante lee el Evangelio, lleva el libro al celebrante, y éste lo besa, diciendo en secreto:
C:/ Las
palabras del Evangelio borren nuestros pecados.